Cumbres que no dan nada
David Carmena
Es una acción que se repite cada año. Diferentes presidentes, científicos y activistas se suben al escenario de las conferencias climáticas de la ONU para debatir e intentar llegar a acuerdos que sean efectivos en la lucha contra el cambio climático. Una pequeña esperanza para los que están preocupados por el cambio climático y que ven como cada año que pasa, cada cumbre que se celebra, acaba en lo mismo: acuerdos que no se cumplen.
Decir que se ha perdido la esperanza en estas cumbres no es afirmar que deban dejar de celebrarse. Si tenemos que decir si ayudan, sí, ya que son una oportunidad para buscar soluciones, pero ver como cada una de estas reuniones entre líderes mundiales sólo producen buenas palabras de la boca de sus dirigentes y pequeños acuerdos poco ambiciosos es, cuanto menos, frustrante.
El hecho de que las reuniones se celebren en diferentes países está bien, pero ¿por qué en lugares que en sí son poco ecológicos? ¿Por qué llevar a los jefes de Estado a una ciudad de lujo para turistas donde no hay más que hoteles de primera categoría, restaurantes exclusivos y piscinas en un país donde el 99 % de la población vive cerca del río Nilo y donde el cambio climático se nota cada vez más? Porque es la forma que tiene Egipto de complacer a los líderes mundiales. Si la conferencia se hubiera celebrado en un lugar en el que, al menos, no hubiera piscinas y los efectos del cambio climático fueran claramente visibles, seguramente los dirigentes actuarían más y mejor.
Pero el problema no es la COP27. El problema es que en cada una de estas cumbres para luchar contra el calentamiento global que se han celebrado se han alcanzado pequeños acuerdos, pasos dados por los líderes mundiales que no han servido de mucho. Es innegable que hay países que contribuyen más que otros al desarrollo de energías limpias y a las políticas de lucha contra el cambio climático.
Es absurdo que los países con más dinero no colaboren económicamente y no ayuden a los países subdesarrollados o emergentes a luchar contra el calentamiento global. Pero lo peor de todo es la negación. En los últimos años, el ser humano ha entrado en un periodo de negación que nunca había sido tan grande.
Desde los que negaron el Holocausto, la pandemia, la eficacia de las vacunas contra el COVID, hasta los que dijeron que el volcán que destruyó casas y plantaciones agrícolas en la isla de La Palma no existía, no pueden ser considerados empáticos.
La empatía es la capacidad que tiene el ser humano de ponerse en el lugar del otro, de sentir lo que el otro siente. Con el cambio climático ocurre lo mismo.
No hay empatía por los que tienen que dejar sus ciudades, sus países para vivir en otra nación donde no tengan que sufrir las consecuencias de, por ejemplo, la falta de lluvia para poder cultivar.
Es muy triste saber que una parte de la población niegue la evidencia científica. Precisamente, si algo es común a todos los seres humanos y al cambio climático es que las inundaciones o el aumento de la temperatura global no distinguen países, culturas o religiones.
No importa donde vivan, todos sufrirán los efectos devastadores si no se hace nada. Veamos algunos ejemplos de países que sufren estos efectos: Australia y Pakistán.
Australia es el país desarrollado que, según los expertos, más sufrirá los efectos del cambio climático. Es cierto que la cantidad de dinero de un país ha hecho mucho para contrarrestar sus efectos.
Pero los incendios forestales que asolaron el país en 2019 son un ejemplo de que hay que hacer más contra un problema importante. Los países menos desarrollados, son los más vulnerables, ya que contaminan menos y en muchos casos no tienen los medios para mitigar los efectos y tampoco tienen el dinero suficiente para que la población de estos países puedan adaptarse al cambio climático.
Los gobiernos de los países más pobres tienen escasos recursos para hacer frente a un problema de tal magnitud.
Por ejemplo, Pakistán ha sufrido mucho con las recientes inundaciones de este año y esto es sólo una advertencia de lo que puede ocurrir en los próximos años en este país y en otros.
En esta nación asiática, los activistas del clima han pedido formalmente muchas veces al Gobierno de esta nación asiática que declare una emergencia climática para que se pueda abordar el problema.
La solución es poner en marcha medidas útiles y eficaces, el tiempo se agota y los efectos del cambio climático se dejan sentir en todas las naciones. Si los políticos y empresarios quieren ayudar, tienen que demostrar que el problema puede resolverse con políticas útiles procedentes de una u otra ideología.
Tanto la derecha como la izquierda tienen que caminar juntas para resolver el problema encontrando soluciones económicamente viables. No hacer nada será más caro a largo plazo. Porque los efectos del cambio climático son cada vez más intensos y cuesta cada vez más dinero reparar los daños. Además, la guerra de Ucrania ha alejado a los políticos europeos de las políticas de descarbonización y ha vuelto a poner sobre la mesa el uso de los combustibles fósiles.
Las empresas tienen que aportar su granito de arena. El llamado «Greenwashing”, es la técnica que las empresas utilizan para afirmar que son sostenibles y que reducen su huella de carbono. Pero no funciona.
Por ejemplo, la famosa empresa de bebidas estadounidense, Coca-Cola, afirma que se ha comprometido a reducir el uso de plástico en sus botellas, pero actualmente sigue vendiendo botellas de plástico y no de materiales sostenibles. Que una pequeña empresa no pueda sustituir el plástico por un material biodegradable puede ser comprensible, porque las pequeñas empresas no tienen suficiente dinero para dar un paso tan grande. Pero si las empresas multinacionales son las primeras en realizar acciones que ayuden al medio ambiente, las pymes tendrían más posibilidades de sumarse a estas iniciativas.
Pero falta un elemento indispensable para que la lucha contra el cambio climático se convierta en acciones rápidas: las protestas. Son los ciudadanos los que tienen que salir a la calle y protestar para exigir a los gobiernos medidas más efectivas contra el clima, porque cuando hay más presión, posiblemente se pueda hacer más para ayudar al clima.
El cambio climático se acelera, lo sufrimos con más regularidad y tenemos que unirnos para evitar que el problema siga avanzando y convierta el planeta Tierra en un lugar aún más caliente de lo que es.
«El periodismo no es solamente una profesión, es una manera de vivir y pensar». Ryszard Kapuscinski
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